LAS ERAS |
El trabajo de las tierras era fundamental para la subsistencia del pueblo y, en consecuencia, el paisaje rural era adaptado a esa necesidad. Uno de los elementos más representativos de esta adaptación son Las Eras. Pero la eras, además de por su integración en el paisaje rural, son representativas por su función socio-económica y su valor etnográfico. El lugar mas indicado donde se debía hacer una era, es en un “altillo”, siendo el mas favorable posible para que corriera el viento, y al mismo tiempo, tenia que estar lo mas cercano posible al pueblo, para facilitar el ir y venir del día a día con el menor esfuerzo. Todos conocemos las eras que rodean al pueblo, que si la del tío Miguel, la del tío Macario, la de Santiago, la de Hermenegildo..., pero, la era por excelencia en el pueblo es la era de San Pedro. Como todas las eras, la de San Pedro tiene un propietario, pero siempre se le ha llamado así porque antes de hacerla había en su lugar una ermita dedicada a San Pedro. En las fiestas, se utiliza para hacer la hoguera que antes se hacia en la plaza, la procesión de San Isidro termina en la era para bendecir los campos, seguimos jugando en ella, la utilizamos de mirador, y seguramente si la era hablara nos enteraríamos de muchísimas conversaciones y vivencias producidas en ese “cacho” tierra. Seguramente todos tenemos algún buen recuerdo de la era de San Pedro. Pero la función de ella era otra.
Empezaba la época de la siembra. Los hombre se marchaban al campo y ayudados de “espuertas” tiraban las semillas sobre los surcos que después rastrillaban. Lo primero que se sembraba era el trigo, que luego abonaban con el estiércol de la mulas y las ovejas.
En el invierno los campos ya no se trabajaban, era tiempo de espera para que
crecieran los cultivos. A las eras de vez en cuando las pasaban con el
“rodillo” para que la tierra no
En el mes de mayo toda la familia tenia que ir a “escardar”, le quitaban las malas hierbas y los cardos a los campos. Surco a surco con un palo en forma de “orquilla” cogían la planta y una hoz llamada “tranchetes” los sacaban de raíz. En el
mes de Junio, para San Pedro, se empezaba con la siega, madrugaban mucho,
generalmente entre dos luces. Cada uno con la hoz y la “zoqueta”,
esta última era de madera, hueca, para meter los
Cuando terminaba la siega, ya se tenían preparada la era, la dejaban limpia de cardos y la barrían con las “escobas amargas”, entonces empezaba el trasiego del “acarreo”. Generalmente les tocaba a los mas pequeños de la casa esta faena, el ir y venir de los campos a la era con las mulas cargadas de “haces” que iban colocando en las “albardas”, junto con unos palos que ataban a estas llamados “amugues” para que la cantidad a trasportar fuera mayor. También el acarreo se hacia por medio de las galeras y los carros (que ahora nos encontramos abandonados por el pueblo). También a estos se le agregaban unos palos verticales para que la cantidad fuera mayor en el transporte.
Tocaba trillar toda la parva. Esta labor consiste en quebrantar la mies, es decir, separar la paja de grano. Se iban extendiendo los haces de la cina en la era, y se quitaban los ataderos. Las gavillas se iban desmenuzando, para que al pasar la trilla por encima lo encontrara lo mas llano posible.
La trilla es un tablón con pedazos de pedernal en su base inferior, que era arrastrado por una mula o un borrico, atado a un travesaño, y este con una argolla se unía al gancho que llevaba la trilla. Encima de la trilla se colocaba una persona, que iba dirigiendo al animal en forma circular por encima de la parva. Se podía estar sentado o de pie. Así pasaban las horas, dando vueltas, y vueltas hasta el medio día, en el que se iban a comer y a los animales darles agua a la fuente. Por la tarde, se seguía con la misma rutina. Algunos de nosotros, en nuestro veranos en Caracenilla, hemos pasado algún tiempo trillando, y el recuerdo que tengo de ello es el calor que hace en pleno agosto... Ya podía ser mañana, o tarde, siempre dando vueltas con la trilla y echando de vez en cuando un trago al botijo. Pero lo mejor venia después, cuando terminaba el día... la dichosa paja, ¡¡ no veas como picaba!!. A la parva se le daba la vuelta con las “horcas” de madera, para que se moliera por igual. Cuando esta todo trillado se amontonaba con el “allegador”, un rastrillo tirado también por las caballerías y en el que se subía también una persona encima para hacer mas peso. Una vez terminada con la trilla se “ablentaba”, que era, separar la paja del grano con la ayuda del viento, para esto se lanzaba para arriba la paja mezclada con el grano por medio de la horca. El viento desplazaba la paja a unos metros, pero dejaba caer el grano.
Con las primeras
ablentadoras se dejo de depender del viento, en ellas metían la parva
triturada. Por medio de una manivela que movía un aspa, creaba una corriente
de aire que ya sacaba separado la paja del grano. Los granos se entalegaban, y se llevaban a las cámaras de las casas donde se hacían montoneras, y la paja se guardaba en el pajar que estaba en la era. Muchas son las horas empleadas por nuestros padres o abuelos, tanto en el campo como en las eras. Hoy en día, el entorno rural no podía quedar ajeno a la carrera tecnológica, y todo este enorme trabajo lo hace una sola máquina, en el propio sembrado y manejada por una sola persona. Con lo cual La Era ha perdido su principal sentido al perder su principal función. Eso sí, sigue conservando esas otras funciones paralelas que se han venido desarrollando en ella:
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